Hasta que nuestros destinos ardan en una misma llama - Capítulo 3
El calendario se había modificado de
una forma que nadie se esperaba. Los juegos olímpicos se hacían de invierno y
de verano juntos hasta ese año. Sin embargo, los organizadores habían pensado
que era un gran gasto para el país anfitrión, lo que generaba más problemas que
ventajas, llevando así, a dividirlos por su calendario. El problema no era para
quien practicaban deportes de verano, no, ellos habían quedado con sus fechas
intactas, sin embargo, los que practicaban deportes de invierno ¡Era otro tema!
Ya no competirían ese año, sino, en el 92, dentro de dos años. Y luego, en el
94, recién en el 98 se normalizaría su cronograma de cuatro años.
Hinagiku estaba ansiosa. Si bien,
estaba lista para clasificar este año, el hecho de que el cambio se hubiera
hecho, había cambiado todo su cronograma. Ahora, su vista volvía a estar puesta
en los campeonatos regionales y en el Grand Prix una vez más, pero con una
mayor urgencia, para destacar y prepararse para dentro de dos años.
Su entrenador no se había aliviado
por eso tampoco. Hina estaba en la edad perfecta para competir. Debido a que el
patinaje artístico era un deporte muy rudo con el cuerpo, los atletas solían
retirarse temprano. Y esta brecha de dos años, sería la oportunidad perfecta
para que Hinagiku pudiera participar en dos olimpiadas cuando todavía, estaba
en su mejor momento y forma física.
—¡Manten la postura! Si te encoges
de hombros en el Axel de nuevo, serás el hazme reír de todos.
—Estoy haciendo lo mejor que puedo.
—Y fracasaras así. Manten la postura
o pierdes el tiempo de la pista acomodándote. Y eso te restará puntos en la
competencia. Vas a competir contra los mejores en Alemania —le recordó Tarou
con el ceño fruncido rebobinando el cassette para empezar de nuevo.
Hinagiku estaba cansada, le dolían
los muslos y parecía que el calendario corría mucho más rápido que sus piernas.
La reestructuración de los ciclos olímpicos habían convertido a Tarou de un
entrenador con tintes de sargento a un tirano absoluto.
—Descansaré unos minutos.
Él rodó los ojos y la siguió hasta
las gradas, donde Hinagiku se sentó.
—¿Y Yoshi? ¿No vendrá hoy?
—Llegará tarde. Tuvo unos problemas
hoy. Pregúntale cuando llegue —respondió Tarou a punto de sacar un cigarrillo y
al verla, lo guardó de nuevo.
Ella siempre se quejaba de que el
humo apestaba y le quedaba el olor impregnado en el cabello, así que se aguantó
las ganas para evitar problemas. Pero la ansiedad le comía los nervios.
—De todas formas, soy más que
suficiente para corregirte.
—Lo sé —respondió Hinagiku—, pero
Yoshi no trae tu humor de perros —dio un suspiro y se levantó de nuevo,
estirándose un poco antes de volver a la pista—. Pon la canción de nuevo —le
sonrió y patinó hasta quedar en el centro de la pista.
La música comenzó a sonar de nuevo
mientras ella empezaba su rutina una vez más.
La pista municipal estaba vacía a
esas horas y ella la había reservado hasta la noche, así tenía tres horas para
practicar sin interrupciones. Y se habría estirado una hora más si no fuera
porque ese horario ya estaba tomado por otro grupo. Un equipo de hockey le
había dicho la secretaria cuando la atendió. Así que se esforzaría todo lo que
pudiera para que esas horas valieran la pena.
Hina normalmente acababa exhausta y
con los muslos doliéndole después de las practicas, pero sabía que era el
precio a pagar de la perfección.
Mientras ella estaba concentrada en
hacer la coreografía a la perfección, la puerta de la pista se abrió y entró
Mio junto a Kouji. Se habían encontrado en el camino y mientras Kouji
preguntaba por Hinagiku, Mio le contó que ella practicaba en ese horario y que
iba a ir a verla, después de todo, era su mejor amiga y también, su primera
porrista.
Kouji no dudó al saber que iba a
verla practicar. Su corazón latía desbocado de sólo pensar en ver a Hinagiku
hacer su rutina en la pista.
«Me siento como una colegiala. Es ridículo.
Contrólate» pensó Kouji mientras veía a Hina hacer un salto triple y caer con
un aterrizaje perfecto.
Hinagiku se veía preciosa a ojos de
Kouji. No iba vestida con un traje de patinaje, sino con unas mallas ajustadas
negras y un buzo tejido color lavanda mientras llevaba su largo cabello
recogido en un rodete. Lo que lo hizo temblar fue ver la mirada tan decidida y
fuerte de ella en la pista. No estaba compitiendo por hobby ni por gusto, veía
en sus ojos una furia ciega que iba por el premio: ganar lo era todo.
—¡De nuevo! —interrumpió Tarou
parando el cassette—. Te demoraste demasiado moviendo tus brazos.
Hina asintió y volvió al centro
mientras él rebobinaba el cassette. Ella volvió a ponerse en pose y cuando
escuchó la melodía, empezó desde unos segundos atrás, repitiendo el paso de
nuevo, esta vez, más centrada en sus movimientos.
—¡De nuevo! Los segundos son
importantes, Satou. Un juez no te lo perdonara.
Hina retrocedió en la pista tres
veces más hasta que llegó a conseguir el movimiento perfecto para su
entrenador.
—¿No está siendo muy duro con ella?
—preguntó Kouji a Mio mientras la veían repetir los movimientos.
—Puede parecerlo, pero en las
competencias, todos esos detalles cuentan.
Kouji no respondió ante eso. El
hecho de que fuera tan despectivo con ella y con todo el esfuerzo que Hinagiku
estaba poniendo en la pista le molestaba. Aunque fuera necesario corregirla
¿era necesario tratarla de esa manera? No le gustaba para nada la forma en que
se estaba dirigiendo a ella.
—Oye —dijo Kouji acercándose al
entrenador—. Entiendo que sea importante, pero no deberías tratarla así.
—¿Y quién eres tú, niño? Vete, estoy
trabajando —respondió Tarou sin voltear a mirar a Kouji, concentrado en la
rutina de Hina.
Él frunció el ceño.
Hina hizo un salto con giro y al
aterrizar, vio a Kouji acercándose a su entrenador. Por la expresión de ambos,
podía intuir que no era algo bueno, así que patinó hasta la orilla, acercándose
a ellos.
—Nanjou-san, ¿qué haces aquí?
—Vine a verte —dijo él sin pensar
demasiado en ello—. Pero tu entrenador…
—Es perfecto así —respondió Hinagiku
rápidamente—. No sé qué haya pasado ente ustedes, pero habla conmigo antes —le
pidió—. Esto es muy importante para mí y no quiero interrumpir mis
entrenamientos por cosas menores.
Los ojos azul cielo de Hina
brillaron al decirle eso. Estaba decidida y nadie, ni siquiera su ídolo iba a
ser capaz de interponerse entre sus sueños y ella.
—Entiendo —respondió él asintiendo.
Aunque realmente, le molestaba que
el tipo pudiera seguir hablándole de esa manera a ella, sintió algo más fuerte
cuando ella se dirigió a él. No sabía si era por su energía, la forma en que lo
hablaba o porque tenía tanta pasión en su voz, pero había hecho sucumbir su
corazón en tres segundos.
«Soy un idiota» pensó peinándose el
flequillo con los dedos mientras la veía volver a la pista y comenzar su rutina
de nuevo.
Kouji no entendía ese sentimiento de
querer algo tanto hasta que la vio a ella. Nunca había sentido ese deseo por
nada ni por nadie. Otras personas tenían muchas metas, pero él… se sentía
vacío. No había nada que quisiera antes, pero ahora… sólo quería compartir el
mismo espacio con ella, aunque fuera a la distancia.
La deseaba mucho más que eso, pero estaba
conforme con verla patinar.
Mientras la veía bailar sobre el
hielo, el localizador de Kouji sonó. Él miró el número que aparecía y
simplemente, lo volvió a colocar en su bolsillo, ignorándolo. Todo lo que
pasara ahora, no importaba.
Ahora sólo se concentraría en ella y
nadie más.

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