Soñando uno de tus sueños

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Hasta que nuestros destinos ardan en una misma llama - Capítulo 1


 

Capítulo 1

 

Era ella, después de tantos años. Aquel momento fugaz donde la vio en el parque fue suficiente para que sintiera algo. Después de años de apatía y una rutina que lo mantenía respirando, finalmente, vio los cabellos verdes brillando bajo el sol y supo que, si había una razón para estar vivo, debía ser semejante a eso que sentía al verla.

Hinagiku patinaba en el parque y hacía piruetas mientras los ojos del color del cielo brillaban como si tuviera un sol propio en la pupila.

Kouji lo recordaba a la perfección desde ese día. No se la había podido quitar de la cabeza incluso, después de los años que habían pasado. Y era por una simple razón: era la única que había logrado darle algo de color a su mundo. Y no era porque Kouji no pudiera hacerlo sino porque nada le importaba.

Era bueno en todo lo que hacía, pero no tenía una satisfacción propia por eso. Tenía la apariencia, el talento, la vida resuelta… y nada de eso lo movía.

Sin embargo, al encontrarla de nuevo después de tantos años, con el sol del atardecer tiñendo su cabello en tonos rojizos, lo hizo sentir lo mismo que hacía tantos años: era ella. No podía equivocarse. Años de estarla buscando, de recorrer miradas intentando hallar la suya, de desear que su fama llegara a ella. Y ahora, cual jugada del destino, llegaba a esta a diez pasos de distancia como si toda la vida hubiese estado destinado a ella.

—Oye, ¿ese no es Nanjo-san? —preguntó una Mio, la amiga de Hinagiku, dándole un codazo suave y hablando en voz bajita para que no se diera cuenta.

Hinagiku volteó a ver disimulando lo mejor que pudo. Y sintió su corazón dar un vuelco completo cuando vio a Nanjou Kouji frente a ellas. ¡Era él! No podía dudarlo ni un segundo. Y se veía mucho más majestuoso que en sus videos y posters.

—¿Qué hará por aquí? —murmuró Hina a Mio.

—No lo sé. ¿Crees que podamos pedirle un autógrafo?

—No lo sé. Se ve… pensativo para molestarlo —dijo Hinagiku mirándolo de reojo.

—¿Crees que tendremos una oportunidad así otra vez? —refunfuñó Mio.

—Sólo déjalo —insistió ella. Aunque estaba tan o más ansiosa que su amiga para salir corriendo y pedirle que le autografiara su cuaderno, algo le decía que no era momento para interrumpir su paz.

Supuso que, debía estar cansado de que la gente lo molestara por la calle y ni siquiera pudiera andar tranquilo dando un paseo.

Por su lado, Kouji sentía como se le reconfiguraba el universo. Había quedado tan pasmado, tan absorto en sus propios sentimientos que no había podido reaccionar hasta que las vio marcharse.

Su cuerpo había quedado en pausa mientras intentaba conciliar todo lo que sentía. Era nuevo, demasiado nuevo para él. Toda su vida, había vivido en una pausa sentimental. No había nada que lo moviera. Quizá lo aprendió de su madre y la frialdad con la que lo dejó atrás. Tampoco tuvo ninguna motivación para sacar a relucir sus emociones después. Los Nanjou no eran mejor que su madre, en realidad, era más de lo mismo y un poco peor con sus hermanos. ¿Qué importaba? Había aprendido a ignorarlos y simplemente, seguir su vida como si nada sucediera.

—Espera —salió de sus labios, pero fue tarde.

Las siluetas de las jóvenes ya se veían lejos de él. ¿Y si se echaba a correr? ¿No parecería un loco persiguiendo a un par de colegialas? Quizá. Pero su instinto le decía que debía hacerlo.

Sin darse cuenta, Kouji empezó a caminar y a medida que reaccionaba, la camina se volvió un paso rápido que terminó en una carrera hasta que alguien lo interceptó. Kouji hubiese seguido, pero en esta ocasión, sus fans no fueron tan comprensivos como Hina y Mio.

Al mirar al frente, ya no veía nada. ¿Hacia donde habían ido? Se preguntó una y otra vez como debería alcanzarlas. Si estarían en la estación o vivirían cerca de ahí. La duda lo carcomía por dentro y antes de escuchar una sola palabra de las personas que lo rodeaban, se hizo paso entre ellos y los dejó atrás, sin decir nada. Sólo salió corriendo hacia el frente, con la esperanza comiéndole el corazón.

Pero él ya lo sabía: era tarde. Aunque corriera, ya no las alcanzaría. ¿Y si no la volvía a ver nunca? ¿Y si tardaba más tiempo en volver a encontrarla?

—Cálmate —se dijo en un intento de ordenar sus pensamientos mientras se corría el cabello del rostro peinándose con los dedos—. Llevaban uniforme. Puedo encontrarla.

Fue una chispa de alegría que lo calmó, aunque fuera, de forma momentánea.

Kouji volvió sobre sus pasos y se montó en su moto. Se colocó el casco y fue directo a su casa. Necesitaba hacer una llamada urgente con Shibuya.

Al llegar, tiró todo, casi ni se fijó en su moto, entrando rápido al piso donde vivía. Su mente estaba fija en el teléfono, pero al entrar, recibió la reprimenda de su vida.

—¡¿Dónde carajos estuviste?! Tenías una entrevista y una sesión de fotos ¿Alguna vez piensas en que son tu trabajo Y QUE YO DEBO LIDIAR CON ELLOS? Ni siquiera viste los mensajes que te dejé.

Kouji le restó importancia a lo que decía Shibuya.

—Volveré a la escuela —interrumpió a Shibuya.

La mandíbula de él se cayó al suelo durante un momento.

Shibuya se frotó la frente, se revolvió el cabello y le dio un golpe en la frente a Kouji.

—¿Por qué fue eso? —se quejó Kouji.

—Porque estás imbécil. ¿Me estás jodiendo?

—No, de verdad, volveré a la escuela.

Kouji había perdido dos años ya. A sus dieciséis, simplemente dejó cuando se volvió cantante. Entre sus conciertos, sesiones de fotos, de grabación y otras tantas cosas, había perdido el presentismo de clases y tendría que repetir el cursado, sin embargo, él ni siquiera lo intentó. No le veía una razón para hacerlo. Después de todo, ya tenía una carrera consolidada como artista y no veía una razón para terminar y luego, ir a la universidad. ¿Qué haría él en la universidad? Ciertamente, no había nada que lo apasionara lo suficiente como para dedicarse a ello.

Cantando era bueno. ¿Necesitaba algo más para ello? No, simplemente, no. Era suficiente con eso.

—¿Por qué ese apuro justo ahora? ¿Sabes lo que hará el horario escolar con tu agenda? ¡ES UNA LOCURA!

—No me importa, podré con ello. Si haces esto, no faltaré a una sesión de nuevo —prometió con una seriedad que hasta a Shibuya sorprendió. ¿Desde cuándo era tan importante la escuela?

—Bien, escúpelo. ¿Qué ha sucedido? No te interesaba la escuela ni siquiera cuando íbamos juntos.

Kouji dudó. ¿Haría más fácil si le contara la verdadera razón para hacerlo? Finalmente, no le importó.

—La encontré.

—¿Encontraste? ¿A quién? Kouji, necesito detalles.

—El uniforme es de estilo marinero y la falda es morada. Iré ahí —agregó Kouji cambiando de tema—. Iré a darme una ducha.

Sin decir más nada y ante las interrogantes de Shibuya, Kouji siguió su camino hasta su cuarto para darse un baño largo y relajante.

Por una vez en su vida, sentía que algo iba a cambiar y esta vez, sería para bien.

 

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