Soñando uno de tus sueños

Blog de escritura, dibujo y delirios varios

Turrones y pan dulce


 

Haro se subió al modular dónde tenía sus fotos. Rei no había vuelto a pensar en ellos dos hasta que vio la fotografía de Hiromitsu, Sayo y él, usando una vincha con los cuernos de un reno. Fue la primera y última navidad que celebraron juntos.

Conoció Sayo en su último año de la academia. Luego, siguieron caminos separados. Aunque se mantuvieron en contacto, cuando ingresó a la Organización de los Hombres de negro, Rei no volvió a hablar con ella. Vio noticias, por supuesto. Consiguió su primer papel en una película extranjera y hasta ganó varios premios a mejor actriz. Y mientras ella vivía una vida ficticia llena de acción, Hiromitsu y él lo experimentaban en carne propia.

—¿Debería pensar algo para Navidad para el Poirot? —pensó en voz alta mientras acariciaba a Haro. Buscó la pelota con la que jugaba y la lanzó hasta el final de la sala, dejando al perro entretenido mientras él iba a la cocina.

Recordaba que Sayo le hizo probar turrón de mazapán y pan dulce de Navidad, dos cosas que jamás había comido en su vida. Eran dulces y con un sabor que perduraba en su boca. El intentó imitar la receta. Buscó su computadora y revisó algunas páginas para darse una idea de cómo hacerlo. Revisó que Haro siguiera entretenido y volvió a la cocina a trabajar.

La primera bandeja le salió bien, pero no era el sabor que él buscaba. La segunda estuvo mejor, pero tampoco era exacto. Decidió cambiar algunos ingredientes del turrón para hacerlo con un sabor más japonés. Y en la tercera ocasión, lo consiguió.

Hizo lo mismo con el pan. Hizo varios intentos hasta dar con lo que a él le gustaba.

—Azusa va a disfrutarlo mucho —dijo envolviendo el pan en papel film y luego, cortó porciones individuales de turrón e hizo paquetitos de la misma forma, preparándolos para llevarlos al café en la mañana— ¡Haro! Vamos a salir —agarró la correa y la engancho en el collar del perrito y luego de hacerle un mimo detrás de las orejas, abrió la puerta y comenzaron a andar a un paso rápido. Hacía frío, pero no quería que Haro se privará de hacer ejercicio y estirar un poco las patas.

Rei tenía rutinas de ejercicios muy estrictas y aunque con Haro sólo salía a caminar, aprovechando a que él perro hiciera un poco de ejercicio en la noche con él, durante la mañana, es cuando más empeño le ponía.

Al llegar a casa, buscó una botella de agua y abrió la ventana. Haro se subió al alféizar y se quedó disfrutando del viento frío que entraba. Rei se desplomó en el sillón.

—¡Sorpresa! —escuchó un grito detrás de él que lo hizo ponerse de pie de un salto, tirando la botella de agua al suelo y tanteando su sobaquera buscando su arma para atacar, pero ya la había dejado junto con su traje.

Rei maldijo y en cuanto vio a la causante de todo, quedó mudo: era Sayo.

—¿Sayo? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo…?

—¿Recuerdas que hubo un experto que me enseñó a abrir cerraduras? —le recordó guiñándole el ojo. Por supuesto, él le había enseñado.

Rei se tapó la cara con una sonrisa, se acomodó el flequillo y la miró. Sayo ya se había acercado a él, pero no del todo.

—¿Qué estás esperando para venir y darme un abrazo? ¿O es que tu novia se pondrá celosa?

—¡Ah! —exclamó él. Dio un paso y Sayo lo jaló del cuello, haciendo que se encorvara y la abrazara. Rei cerró los ojos. Hacía mucho tiempo no era tan cariñoso con alguien, en realidad, desde Hiromitsu y ella, no se volvió cercano a ninguna otra persona.

Rei se concentró en la organización, en desenmascararlos y encontrar a su objetivo: Akai Shuuichi, el hijo de puta que acabó con la vida de Hiromitsu mientras ambos eran infiltrados en la organización. Ahora, sólo quedaba él.

Se mantuvo en silencio mientras duró el abrazo. Sintió la suave esencia de jazmín que ella usaba y se sintió nostálgico. Acarició el cabello negro que albergaba una noche profunda y brillante. El brillo que tenía siempre lo hacía pensar en una noche estrellada.

—Extrañaba tu elocuencia —se burló de él.

—No me das tiempo a reaccionar.

Ella rodó los ojos.

—Excusas, excusas —se rio—. Hay un olor delicioso en tu cocina ¿cocinaste? ¿Qué hiciste?

—Hay perros en la policía que no tiene el olfato tan agudo como el tuyo —se burló de ella dándole un golpecito en la nariz.

Rei todavía no cenaba, todo el problema con Sayo y su reencuentro de la forma más inusual posible, no le dieron tiempo a preparar la comida. Él solía hacer la comida, lo cierto es que le gustaba. Hiromitsu fue el que le enseñó a cocinar cuando aún eran estudiantes de secundaria, desde entonces, él cocinaba y aprovechaba a cambiar las recetas a su gusto. Era muy creativo en la cocina, algo que también beneficiaba al café Poirot.

Rei tenía una identidad más que cubrir. No sólo manejaba su segunda identidad como Bourbon en la Organización de los hombres de negro, también, tendría que saber vivir con Tooru Amuro, el mesero simpático del café Poirot. Rei Furuya era el hombre de las tres caras y casi nadie conocía la real.

—Tu casa no ha cambiado nada —dijo dando una vuelta por la sala. Rei se asomó por la cocina serio.

—No andes fisgoneando por ahí —la regañó y pudo oír la risa de Sayo, una risa musical como si entonara al dejar salir su voz.

—¿Qué pasa? ¿Voy a encontrar revistas para adultos? —preguntó bromeando mientras veía la foto de los tres en el mueble de la entrada.

Recordó con nostalgia ese día y como ahora, todos estaban muertos salvó ellos dos.

—Sólo no toques nada.

A Furuya Rei le sería más grato tener una revista porno a que alguien descubriera una de sus identidades. O peor todavía: que supiera de la organización. Todos los que no eran miembros y se enteraban de los hombres de negros, terminaban de una sola forma: muertos. Y él no deseaba ver morir a nadie más.

Rei era un loco. Normalmente, actuaba sin considerar bajas. Intentaba que sean las menos posibles, pero sabía que no siempre era el caso. El mismo fue un sacrificio en más de una situación, pero tuvo la fortuna de que todo saliera bien. Rei pensaba mucho al respecto sobre valorar más su vida, pero había algo más que le decía que si su muerte pudiese significar algo para un bien mayor, no dudaría en morir por un Japón pacífico.

Él escuchó el silencio y se asomó a ver qué estaba haciendo Sayo. Fue cuando notó que miraba la foto. Ella miró sobre su hombro y al encontrarse con Rei, dejó la foto en el mueble y se acercó una vez más:

—¡Bien! ¿Ya terminaste la cena? —preguntó animada y fue a la cocina— ¿Qué se supone que estás haciendo? —miró con curiosidad los ingredientes y Rei tomó su lugar frente a la cocina una vez más, altanero en esta ocasión.

—Cocinaré algo tan bueno que te chuparas los dedos —aseguró con la confianza desbordando sus poros. Si había algo por lo que podía alardear era por su buen gusto a la hora de cocinar. Y Sayo recordaría eso en la cena.

La preparación y la cena fueron momentos para charlar y molestarse a partes iguales. Sayo recién volvía de Estados Unidos. Su carrera dio un salto después de interpretar a la protagonista en una película de acción.

—Tus clases de Jujutsu[1] fueron tan útiles —gracias a eso, ella había podido interpretar sus propias escenas de acción sin tener que recurrir a un doble.

Él, se enteró que grabó una película. Era difícil no saberlo cuando el rostro de Sayo aparecía en todos lados, pero él todavía no la veía.

—Me alegra que te haya ido bien. Pero te enseñé eso porque eres muy despistada y necesitas protegerte en otro país.

Fue lo primero que hicieron Hiromitsu y Furuya. Al saber que ella se iría y que ninguno de los dos estaría cerca para evitar que algo le pasará, fue lo único que se le ocurrió hacer. Agradecía al menos, que no hubiese tenido que usarlo en la vida real y solo le sirviera en la ficción. Eso sólo quería decir que no tuvo ningún problema estando fuera.

Cuando Sayo estuvo lista para irse, comenzó a nevar. Ambos miraron por la ventana y Rei no tuvo mejor idea que pedirle que se quedara a pasar la noche. Sería peligroso si saliera sola o tomara un coche, así que le ofreció su cama y él, acomodó el sillón para dormir junto a Haro.

—Podrías dormir conmigo. La cama es grande. ¿Tan celosa es tu novia? —bromeó.

Rei solo la mandó a dormir y le deseó buenas noches.

Lo de la novia celosa también surgió una noche de Navidad. Hiromitsu, Date, ella y él se juntaron a celebrar juntos por insistencia de ella. Rei no quería ir, pero Hiromitsu fue muy convincente con él y Date iba a pasar solo la fecha, así que ni lo dudó y se juntaron los cuatro en un bar a comer y beber.

Sayo propuso que hicieran un intercambio de regalos. Cada uno pondría su nombre y un pequeño regalo que pudiera oscilar entre un precio que acordaron entre todos. De nuevo, Rei no quiso participar. Le parecía tonta la idea de celebrar algo así, cuando era una celebración sólo para parejas. En Japón, la Navidad no tenía más significado que un día para comer pollo y estar acaramelado con tu novio o novia.

—¿Es por qué no tienes novia? —preguntó Sayo pensando que ése era el problema y que hubiese preferido salir solo con una chica en vez de con ellos.

—Te equivocas —se rio Hiro— él tiene novia —le dio un codazo amistoso—. Cuéntale quién es.

Rei le dijo que se callara y vio sonrojado a Sayo. A ella solo le dio más curiosidad, apoyando las manos sobre la mesa y pidiéndole a Hiromitsu con la mirada que se lo cuente.

—Es Japón —le dijo poniendo su mano tapando su cara como si le contara un secreto a voces. En la academia, todos lo sabían, Rei no se esmeraba en ocultarlo. Así mismo, era él quien más problemas causaba en la academia. Toda la vida luchó por su color de cabello y su piel morena y gracias a eso, había tenido constantes riñas con Matsuda por no considerarlo “japonés” por su color de piel. Ahí fue donde Date y Hiromitsu lo apoyaron, aunque ni eso evitaba que él acabara en una pelea. Normalmente, siempre andaba con la cara magullada por eso.

—Ah, y yo que pensaba competir con ella —dijo bromeando Sayo, insinuándose a Rei—. Me esforzaré para que la próxima Navidad te fijes en mí. Eso sí tu novia no se pone celosa —le guiñó el ojo.

Date se rio y le dio una palmada a Rei diciéndole que la aceptará. Pero Rei rechazó a Sayo.

En el intercambio, a Sayo le tocó Rei y le dio un trozo de carbón como castigo por preferir a Japón de novia antes que a ella. Más tarde y pasada la broma por rechazarla por un país, Sayo le dio su verdadero regalo. Hubiese deseado que Date se quedará cuando se hicieron la foto con los cuernos de reno, pero al no poder sólo enmarcó la foto de los tres y se la entregó a Rei como regalo de intercambio. Él fue el único que sólo escribió su nombre en un papel y no añadió que quería.

Sayo se sorprendió al ver que aún conservaba el retrato. Si hubiese sabido que incluso, Rei conservaba el pedazo de carbón….

*******

Ella se fue no sin antes pedirle a Rei que cocinara el desayuno para ella. No se iba a perder la oportunidad de comer otra deliciosa comida de su mano. Luego, le dio su teléfono y Rei le hizo jurar que iba a volver a su casa sólo si no volvía a entrar como una ladrona.

Él se fue al café después despedir a Sayo. Guardó su número en el teléfono y lo miró un par de veces antes de arrancar el auto. Preparó los bocadillos que llevaba para el Poirot, esperaba que a Azusa le gustarán para incluirlos en las especialidades navideñas del café. Casi se tomaba demasiado en serio su trabajo de encubierto, como si ser mesero fuera algo que también disfrutara.

Llegaba a preguntarse muchas veces que iba a hacer cuando dejara su identidad de Amuro Tooru y volviera ser solo Rei ¿Cuánto de él quedaría en verdad? No quiso pensar demasiado en ello. Estacionó, agarró sus cosas y fue al café saludando con su amable sonrisa y su entusiasmo de siempre. Azusa lo recibió feliz mientras servía a su primer cliente y le pedía que se apresure a prepararse. Las estudiantes eran su punto fuerte en ventas en la mañana. Según Azusa, Amuro era la cara visible del Poirot y podía permitirle muchas cosas, pero en la entrada y salida del instituto, Amuro debía estar en el café sí o sí.

Él atendía las mesas con buena predisposición. Amuro era gentil y muy atento con sus clientes, especialmente con las más jóvenes que lo llenaban de cumplidos.

—¡Qué bonito! —dijo Sayo al entrar— ¡Rei! —gritó feliz al reconocer a su amigo y lo saludó agitando su mano y acercándose a él.

—¿Rei? —dijo Azusa confundida.

Amuro se rio nervioso y miró a Sayo en reprimenda.

—No es Rei, es Rey en español… es… cómo King en inglés —le dijo rápido e inventó aquello lo mejor que pudo.

—Ah, no sabía que Amuro hablaba varios idiomas —Azusa dijo asombrada y luego, enfocó su mirada en Sayo—. Eres la novia de Amuro ¿Verdad? —Azusa la miró encantada, aunque su cara le sonaba familiar, pero no sabía de dónde.

—No, no es mi novia —negó Amuro gentil y miró la expresión de Sayo con cuidado— es una vieja amiga. ¿Puedo hablar con ella un segundo?

Él la agarró de la mano con cuidado y la llevó al depósito. Cerró la puerta y se frotó la frente. De no haber sido rápido, arruinaba su otra identidad.

—Guarda el secreto. Estoy de encubierto —le pidió en voz baja, casi en un susurro.

Sayo se rio y hubo algo que le hizo tener un escalofrío.

—Claro, Amuro-chan —se rio y notó la molestia en su expresión cuando usó el “chan”—. Nunca imaginé que serías un mesero. Pregunté en el hotel donde se tomaba el mejor café y me recomendaron este lugar y me dijeron que el mesero era un deleite a la vista y los oídos —Sayo siguió con el dedo desde el cuello de la camisa hasta donde comenzaba el mandil del Poirot—. Supongo que esa parte es cierta —su voz sonó coqueta y las mejillas de Amuro se tornaron rojas. De nuevo, la risita infantil fue acompañada por el guiño de su ojo izquierdo—. Vamos, prepárame un café. Quiero ver qué es de lo que tanto alardean.

Ella actuó como si nada al salir del café. Lo poco que habló del tema que le preocupaba no sabía si era para bien o para mal, pero decidió confiar en ella.

Estuvo algo nervioso cuando salió y Azusa quiso hablar con ella, pero pronto se dio cuenta de que Sayo no iba a revelar nada que lo pusiera en peligro. Quizá, más tarde tuviera que lidiar con sus preguntas, sus bromas y un regaño por no ser más cuidadoso y contarle sobre su trabajo así ella no metiera la para, lo cierto es que su estadía en el café fue agradable. Era extraño para Rei sentir nostalgia y disfrutar un poco de su vida antes de tener que fingir, era un pedacito auténtico de él y eso era raro porque realmente, no había nada auténtico en Amuro Tooru.

*****

Al terminar su trabajo en el café, se cambió a su traje gris y fue a la estación de policía. Su trabajo era bastante reducido al estar de incógnito y sólo debía informar progresos ni siquiera necesitaba ir a la estación. Rei lo intentaba, pero no podía ignorar a sus subordinados, especialmente a Kazami a quien parecía que descuidaba un momento y ya estaba metido en un nuevo problema.

Sus jefes estaban orgullosos de él. Furuya Rei no sólo fue el primero en la academia, el mejor puntaje y el más alto de toda la policía, era un trabajador ejemplar. Atento con los demás y centrado en su trabajo. Nadie podía tener una sola queja de Rei en ningún ámbito.

Lo primero que hizo fue preguntar por Kazami y al enterarse que pidió refuerzos por un atraco armado, fue el primero en salir.

Rei podría verse muy tranquilo, pero era un peligro para conducir cuando tenía algo importante qué hacer. Kenji le enseñó cuando estaba en la academia y al igual que Rei, era salvaje para conducir, pero a su vez, un excelente conductor. A pesar de todas las piruetas que podía llegar a hacer, jamás tuvo un accidente y Rei se jactaba de lo mismo hasta ahora.

Estacionó rápido y bajó del auto, armado, yendo hasta el banco donde se encontró con Kazami. No era una situación de rehenes, sino, una batalla que llevó a una persecución. Kazami jamás pudo sacar el arma y tuvo que pelear a puño limpió con uno de los criminales mientras los otros dos huían. Enseguida puso al tanto a Rei indicándole que lo siguiera mientras él se encargaba de aquel hombre.

Los pasos rápidos de Rei no se hicieron esperar. Siguió por el callejón, arma en mano gritando que se detuvieran o dispararía. Uno lleva el bolso con el dinero, pero se separaron en una encrucijada y tuvo que elegir a quien seguir. Mandó a que se apuraran en llegar, apretando el comunicador en su oreja y se fue por el camino de la derecha.

Mientras corría, hizo un disparo que el ladrón esquivó. Ahora, pudo ver cómo él ladrón también portaba un arma de fuego y le disparaba. Lo peor fue ver a alguien más.

—¡Rei! —gritó emocionada al ver a su amigo, pero era una pésima situación para los dos.

—¡Agáchate! —gritó con todas sus fuerzas el policía y el bandido disparó. Por fortuna, no le dio a Sayo, pero ponía otro factor a considerar en ese momento.

Rei pensó pedirle que corriera, pero al ver que otro sujeto venía en su dirección, corrió hasta Sayo y la agarró de la muñeca, arrastrándola a un edificio vacío donde creía iba a poder atacar y defenderse con más facilidad al tener donde esconderse.

Todo el edificio estaba a punto de caerse, hasta sus pasos en el piso hacían eco, lo que le hizo más fácil seguir los pasos del primer criminal.

—No te atrevas a separarte de mí —le dijo Rei llevando a Sayo en su espalda. Él serviría de escudo en todo caso. Pero la necesitaba cerca.

Sayo no tenía cómo contradecirlo, nunca había estado en una situación así. Primero, la robaron y luego, se encontró con Rei en medio de una persecución. Un día peor no podía tener.

Rei apuntó el arma y disparó al frente, luego, puso la mano en la cabeza de Sayo y ordenó que se agachara. Volteó hacia atrás y disparó de nuevo, ninguno le había dado.

—Vamos —ordenó al escuchar pasos. Subían al segundo piso y llegaban hasta una habitación donde se veía entrar la luz. La escalera de incendios se rompió después de que el ladrón escapara. Rei lo vio correr hacia la avenida. Pensó en bajar y sintió los pasos tras de él—. Sujétate fuerte —sin pensarlo mucho, levantó a Sayo de la cintura, tomó impulso y corrió hacia la baranda, impulsando un poco más con su pie al dar el salto al vacío. Rei caminó en el aire y rogó a la física haber hecho las cosas correctamente. Él sujetaba a Sayo de la cintura y hacia todo por llegar al otro edificio. Ella se aferró a los hombros de Rei y cerró los ojos.

De repente, todo se detuvo. Sayo abrió los ojos, Rei colgaba de la baranda del edificio.

—Esto será un poco más rudo —aún con una mano, se balanceó en el aire sujetándola hasta ganar vuelo y saltar dentro del descanso de la escalera. Dejó a Sayo en el suelo y se apresuró a seguir—. Regresa a casa.

—¡Espera! —Sayo lo siguió apresurando se para no perderlo de vista—. No tengo cómo volver. Me robaron recién.

Rei no podía demorarse mucho. Miró al frente, la miró a ella y la jaló de la muñeca.

—Quédate en el auto —le dijo tirando las llaves en su mano e indicándole donde estaba estacionado. La dejó en la avenida y él tomó la dirección opuesta.

Sayo no tenía intenciones de involucrarse más, así que siguió sus órdenes y fue al auto. Todo pasaba tan rápido que recién ahora se daba cuenta que estuvo a punto de morir.

Rei llamó por el comunicador, había perdido de vista al criminal, volviendo sobre sus pasos. Pidió ayuda una vez más y de pronto, vio al que llevaba el bolso con dinero.

—Tú no te me escapas —aseguró con una sonrisa enloquecida. Vio que lo esperaba una camioneta y subió. Rei memorizó la patente y corrió a su auto—. Ponte el cinturón.

Rápido y preciso, encendió el motor y piso a fondo el acelerador, ahuyentando toda la alegría que Sayo tuvo al verlo. Rei tomó un atajo, se metió por un camino improvisado por él, con el auto andando en dos ruedas para pasar por el estrecho lugar. A él no le importaba someterse a cosas como esas con tal de seguir su misión hasta el final. El impacto al caer de nuevo y seguir andando fue fuerte, pero él parecía estar acostumbrado a ese tipo de cosas. Dio un volantazo y ganó lugar en la calle, moviéndose con precisión de cirujano entre los autos hasta alcanzar la calle por dónde iba la camioneta.

—Sayo. Ve al asiento trasero y ponte el cinturón —le pidió y bajó la velocidad dándole tiempo de actuar.

Sayo no lo dudó, estaba con la versión más desquiciada de Rei, no iba a ponerse a pelear con él. Hizo lo que le pidió. Rei le dio un par de indicaciones nuevas para que se cubriera lo mejor posible y volvió a acelerar. Sus ojos mostraban la emoción y la adrenalina bombeaba en su cuerpo. Sin pensarlo, demasiado, fijó sus ojos en la camioneta. El roce de las ruedas en el asfalto se podía oír. Respiró profundo y embistió la camioneta una vez. El golpe fue fuerte haciéndolos ir en zigzag. Rei no dejó que se estabilizarán y les dio un nuevo golpeó, girando el volante hacia la derecha y calculando daños en el proceso, esta vez, logró llevarlos a dónde él quería. La camioneta se estrelló con un poste del alumbrado público.

Por un momento, Rei respiró profundo.

—Sayo ¿Estás bien? —miró por el espejo retrovisor cargando el arma. Cuando la vio asentir, bajó del auto y fue directo a la camioneta. Los ladrones estaban heridos, ninguno muerto. Y él los había atrapado a todos.

Sonrío satisfecho y esperó a las patrullas y la ambulancia para que se lo llevarán. No se quedó más tiempo para no llamar más de lo debido la atención y que los medios lo filmaran.

—¿Ya acabó? —preguntó Sayo asustada cuando vio volver a Rei al auto. El sonrió con satisfacción.

—Sí, ya terminó.

—¡Casi nos matas! —le gritó aún aterrada.

—Pero estás viva —respondió con una sonrisa.

—Eres más salvaje que Hagiwara para conducir. Si sabía esto, me hubiese quedado en ese sucio edificio ¡Era más seguro! —siguió reclamándole.

Él sólo le sonreía mientras ella le hablaba. Sayo tenía los ojos cristalinos, a punto de llorar. Rei, aprovechó que se alejaron lo suficiente de la escena y detuvo el auto. Su impecable auto deportivo, estaba abollado y había perdido algunas partes, luego de esto, debería ir sí o sí al mecánico. Más, lo que le importó ahora fue ella. Desabrochó el cinturón y la hizo pasar a su lado una vez más. Rei era experto con cualquier maniobra. La abrazó y cerró los ojos. La esencia de Sayo inundó sus fosas nasales una vez más.

—Por eso odio que conduzcas —dijo ella como última queja, aferrándose al saco del traje de Rei. Apretó sus manos fuertes en él hasta que su corazón dejó de latir como tambor en murga y al fin, pudo respirar tranquila.

No hubo charla después de eso. Rei dejó a Sayo en el hotel y volvió a la oficina. Luego de eso, pasó por el mecánico.

*****

Hubo algo extraño para él. Después de tantas coincidencias en un día, Sayo no se contactó con él en los próximos tres días. Rei pensó que la había asustado lo suficiente como para hacer que fuera ella quien cortará lazos con él. Sin embargo, en la tarde recibió un mensaje suyo pidiendo verlo.

Rei pensó mucho si aceptar. Su vida era así de intensa todo el año. Si bien, encontrarse con Sayo fue una casualidad, sabía que algo así podría volver a suceder. Y no quería perder a alguien más. Iba a ser suficiente si de tanto en tanto se enteraba que ella tenía éxito, sin embargo, cuando se dio cuenta, sus dedos ya se habían movido preguntándole la hora.

Llegó al parque y la buscó con la mirada. Ella le dijo que estaría frente a la fuente, pero no la encontró en un principio. Dio una vuelta y la vio llegar con dos vasos de café humeante.

—¡Rei! —de nuevo, ella gritó su nombre. Tenía esa mala costumbre de llamarlo de esa manera y que todos supieran de ellos dos—. No es tan bueno como el de Poirot, pero sirve para pasar el frío —le dijo entregándole uno y dándole un sorbo al de ella.

Se sentaron en uno de los bancos fríos. Ella se quejó diciéndole que se le helaba el trasero en el parque, y aunque Rei sugirió ir a otro lugar, Sayo insistió en quedarse en el parque.

—Pensé que no volvería a verte —se sinceró él.

—Finalmente me mudé —le sonrió—. Voy a quedarme en Japón —y miró a Rei de reojo—. Pero no volveré a subir a tu auto ni siendo una emergencia —bromeó.

Rei dio un sorbo al café. Quiso responderle, pero se enfocó en los dedos enrojecidos por el frío que sujetaban el vaso de café.

—Pasemos Navidad juntos —le dijo Sayo. Volteó a ver a Rei y sintió algo frío en la nariz: la nieve comenzó a caer.

—¿Cómo amigos o como pareja? —preguntó con la duda tiritando en sus ojos.

—Tú sabrás —respondió con la más radiante de sus sonrisas.

Sayo lo esperaba, parecía que ella siempre iba a esperar a que diera ese paso. Ella ya se lo había dicho: sus sentimientos por él seguían intactos. Si Rei decidía que estaba listo para una relación, ella lo aceptaría sin pensarlo una milésima de segundo.

Hubo un momento de silencio. Rei no era fan de la Navidad, mientras que Sayo amaba esa fecha, no importaba si era al estilo occidental y oriental, la Navidad parecía ser algo importante para ella.

Él la miró. Hasta ahora se fijaba en los brillantes ojos miel, con un ligero brillo rosado lo miraban expectantes. Él dejó el café en el asiento, y le dio un beso en los labios.

Sayo quedó en shock después de sentir los fríos labios de Rei sobre los suyos.

—Entonces, ¡Te gusto! —gritó Sayo inclinándose hacia Rei con una expresión de pura felicidad en su rostro.

—Yo no dije eso.

—Me besaste que es mejor —se rio alegre y lo rodeó por el cuello, pegando su cuerpo al de ella.

Rei estaba sonrojado, aunque sabía que él había ocasionado todo eso, no se esperó tal reacción. La rodeó con la cintura y sonrió suavemente.

—Cuando venía para acá, vi un árbol de Navidad enorme en el centro comercial ¡Nos saquemos una foto ahí! —se puso de pie y lo jaló del brazo para que fueran hasta ahí.

Rei agarró los vasos de café y los tiró en un cesto de basura, siguiéndole el paso tan entusiasta que ella tenía.

—Verás cómo te empieza a gustar la Navidad ahora —lo abrazó y se tomaron una foto con el celular, con el árbol de fondo.

Dieron una vuelta por el centro comercial y Rei la invitó a su casa a cenar y comer turrón casero. Sayo no contuvo la emoción, más, le pidió tiempo para hacer una parada más antes de ir a la casa. Se detuvo en un local y le pidió que esperara fuera mientras ella entraba.

Sayo salió luego de un rato con una pequeña bolsa.

—¿Qué compraste?

—Es una sorpresa.

Fue todo lo que dijo y se dirigieron al departamento de Rei.

Rei cocinó y mientras él lo hacía, Sayo jugaba con Haro en la sala de estar. Cenaron juntos. Y otra vez, Sayo se quedó en su casa, charlando hasta que dieron las doce y sacó la bolsita una vez más.

—Sé que técnicamente apenas es noche buena, pero…. Quiero que lo tengas hoy.

—¿Es un carbón más grande? —bromeó Rei y sacó el portarretrato con la foto que se habían tomado en el árbol.

—Feliz Navidad, Rei —sonrió y se acercó a él abrazándolo—. Espero que mi regalo sea igual de grandioso.

Él se encogió de hombros. Cerró los ojos y la abrazó. Luego entendió por qué su Navidad con ella, Date y Hiromitsu fueron buenas: porque estaban ellos. Ahora, sólo la tenía a ella, pero era suficiente para hacer especial ese día.

Rei entendió que no importará lo que le diera, no iba a poder superar el regalo que ella le había dado. Y no era el portarretrato.

 



[1] Jujutsu: también conocido como Jiu Jitsu. Es un arte marcial japonés que se basa en la defensa sin armas. Las técnicas básicas incluyen principalmente luxaciones, puñetazos, patadas, rodillazos, esquivas, empujones, proyecciones, derribos, y estrangulamientos. Estas técnicas se originan en métodos de batalla de los bushi (guerreros japoneses clásicos), para hacer frente a otros guerreros samuráis con armadura.

En Japón, es el entrenamiento que recibe toda la policía. Furuya es un especialista en este arte marcial.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Los comentarios son MODERADOS. Si apenas has posteado y tu comentario no sale, ten paciencia. Hacemos esto para evitar SPAM. Aparecerá apenas el autor del blog los dé de alta.