Soñando uno de tus sueños

Blog de escritura, dibujo y delirios varios

La luz que elijo seguir


Gojo iba de un lado a otro dando órdenes. Nanami estaba arrepentido de haber dicho que sí iba a ayudarlo, al igual que Megumi, quienes ya se habían cansado de los delirios del hechicero. Que si una rosa podría mutar en un corazón con algunos efectos especiales o si la luz del techo estaba muy fuerte como para hacer que alguno pierda la vista o si la ensalada iba a enfermar a alguien sólo con su olor —sólo porque él no quería servir ensalada ese día y Megumi insistió—.

Gojo ayudó un poco, aunque la mayor parte de la tarea de preparar el salón fue responsabilidad de Nanami y Megumi. Itadori y Nobara tenían que terminar de traer la comida y ahora, sólo faltaba que llegaran un par de invitados más.

Había mandado una invitación a Mei Mei, otra a Utahime con el mensaje “para que sepas lo que es una fiesta, aunque nunca tengas una”. Y por supuesto, a sus alumnos del curso superior.

Gojo no podía más de felicidad y veía orgulloso como había quedado decorado todo. Era perfecto.

—¿No sería mejor que uses los lentes hoy? —preguntó Nanami señalando la venda.

—Tienes razón —dijo Gojo quitándose la venda y sacando unos lentes oscuros de su bolsillo—. Espero que diga que sí.

—Espera un momento —se detuvo Megumi mientras llevaba un arreglo a la última mesa que faltaba— ¿cómo que esperas que diga que sí?

—Es obvio. Es un casamiento sorpresa.

—Me voy —dijo Nanami después de escuchar que ni siquiera se lo había propuesto a Shoko. Megumi hizo lo mismo, dejando las cosas en la mesa y siguiendo a Nanami.

—¡Esperen! —los atrapó Gojo antes de que avanzaran—. Será divertido.

—¿Cómo se te ocurre organizar tu boda sin avisarle a la novia que se va a casar? —preguntó incrédulo Nanami mientras se acomodaba los anteojos sobre el tabique y suspiraba agobiado por lo que tenía que aguantar. También esperaba que Shoko dijera que sí o aguantar el rechazo iba a ser mucho peor aquel casamiento sorpresa.

—¡Es más emocionante así! —exclamó emocionado y ninguno tuvo fuerzas para hacerlo entrar en razón, mucho menos, cuando fueron llegando los invitados.

Poco a poco cayeron todos y solo faltaba Shoko, quién había sido invitada a una cita romántica ahí. Al principio, ella lo había rechazado por el trabajo casi arruinando todos los planes que tenía, después de todo, cuando Shoko se concentraba en algo, no lo dejaba hasta terminarlo. Y entonces, Gojo comenzó a sudar la gota gorda hasta que Yaga intervino y le quitó un gran peso de encima a Gojo, quien ya veía sus planes arruinados por sus tonterías.

Shoko llegó como a la media hora. Se había vestido para salir con Gojo y cuando entró al salón y vio a todos los invitados, sintió que estaba demasiado informal, pero por lejos. Llevaba una blusa negra, jeans y zapatos de tacón a juego, nada que ver con la elegancia que derrochaba todo en el interior, desde la gente hasta los cubiertos.

—¿No íbamos a ser sólo nosotros? —preguntó al entrar y ver a Gojo correr hacia ella prácticamente. Le ofreció su brazo mientras ella observaba todo alrededor y saludaba a los demás.

—¿Qué sucede? —preguntó Nobara a Megumi.

—Gojo organizó esto de sorpresa —murmuraron mientras veían a la pareja—. Prepárate para lo peor.

Nobara lanzó algunos improperios al igual que todos cuándo se enteraron que él organizaba algo tan importante como sorpresa.

Volviendo a la pareja de tortolos, Gojo había llevado hasta el altar a Shoko. Ahí estaba Nanami esperándolos quien tenía el certificado de casamiento listo para que ellos firmarán.

—¿Qué es lo que planeas?

—Hoy nos casaremos —dijo en tono cantarín, tan feliz que no vio la expresión de Shoko.

—¿Nos? ¿No sé te ocurrió decirme antes? —preguntó abrumada por la repentina propuesta.

—¡Por supuesto que lo pensé! Pero me habrías dicho que estabas ocupada o demorarías meses organizando la ceremonia o quién sabe, te arrepentías antes de tomar el sake.

—Nunca me arrepiento con el sake —añadió ella viendo a Nanami.

—Nos enteramos recién, de lo contrario, lo habría detenido —contó él en tono cansado y monótono.

—Ahora, sólo hay que hacerlo —le dijo agarrando sus manos entre las suyas. Gojo bajó levemente su mirada hacia ella, viéndola por encima de sus lentes.

Shoko no respondió al momento. Todos estaban tensos por eso. Ella podría rechazarlo, todos estaban seguros de que lo haría y deberían soportar una escena dramática del hechicero durante el resto de sus vidas, no sólo ese día. Ella miró a su novio y luego, a los demás. Impacientes quedaron inmóviles al recibir la mirada de la doctora en ellos.

—No tengo un vestido adecuado —dijo al fin la novia y el suspiro de alivio retumbó en la sala por todos y cada uno de los presentes.

—Lo tengo cubierto. ¡Ichiji! —gritó mirando por sobre su hombro y entonces, vio salir al hombre menudito con una caja grande y blanca.

—Hubiese querido elegir el vestido con Shoko —dijo Utahime apenada mientras hacia un puchero.

—Tienes mal gusto para vestirte —la molestó Gojo una vez más y volvió la mirada hacia Shoko— ¿Qué dices?

La mujer asintió y pronto, Mei Mei, Nobara y Utahime la llevaron a la habitación contigua dónde se encargaron de peinar y maquillar a Shoko después de que se cambiara.

El vestido era sensual y elegante. La tela satinada le daba un brillo extra al vestido y el corte cisne con mangas drapeadas y caídas resaltaba más la silueta de Shoko. La falda tenía una capa doble, era ancha, pero no tanto. La primera era propia del vestido y la segunda, cubría sus caderas y caía por detrás con la cola del vestido.

—Shoko, te ves hermosa —le dijo Utahime y las demás asintieron. No quería admitirlo en voz alta, pero Gojo había dado en el clavo al elegir el vestido.

—¿En serio está bien casarte así? —preguntó Nobara y entonces, la vio sonreír contenta. Shoko no parecía molesta ni indignada como estaba el resto de la gente. Ella realmente lucía feliz por lo ocurrido.

Era una locura después de que él hubiera planeado todo porque sí, sin contarle nada. Pero, al ver a todos reunidos y tener a Satoru proponiéndole pasar la vida juntos, no tuvo ninguna razón para rechazarlo.

—Lo haré —fue concisa, levantándose y agarrando la falda del vestido para no pisarlo y arruinarlo—. Salgamos o Satoru comenzará a impacientarse y a incomodar a todos.

Ninguna dudó al respecto, Gojo era bien conocido por su horrible personalidad. Y ella era una de las pocas que la toleraba durante largos períodos de tiempo.

Al abrir la puerta, las conversaciones cesaron al ver a Shoko, incluso Gojo quedó impactado. Había elegido el vestido pensando en ella y lo fabulosa que se vería, pero la realidad superaba cualquier fantasía que hubiese podido idear en su cabeza.

Una vez se separaron de la novia, ella fue al altar donde lo esperaba su estúpido novio con la boca abierta. Shoko apenas estuvo a su lado, colocó la mano bajo su mandíbula y la empujó levemente hacia arriba, cerrando su boca.

—Disimula.

—Estas hermosa —sonrió tomando su mano y dándole un beso en el dorso.

—También te ves muy guapo.

—¿Es lo que una esposa debe pensar de su esposo? Me veo perfecto —dijo Gojo y enseguida, Nanami los interrumpió:

—Es la mejor opinión que encontraras aquí —insistió una vez más. Lo cierto es que aunque todos lo consideraran insoportable y un cabeza hueca, estaban ahí para acompañarlo en su gran día.

En el altar, estaban los formularios. Gojo no había planeado una ceremonia religiosa, sólo quiso hacer a lo grande su casamiento en el civil. Y pensó en que los hechiceros la oficiaran, después de todo la escuela era a ojos del mundo, una escuela religiosa.

—¿Quieren decir sus votos?

Gojo sostuvo ambas manos de Shoko y asintió.

—Yo no he preparado nada.

—Solo bésame cuando te toque —le guiñó el ojo restándole importancia—. Aunque aún puedes decir que soy el mejor hombre que has conocido.

—No voy a decir eso.

No es que no lo pensara, pero era avivar el fuego de su ego. Y no quería eso. Mientras, ninguno se daba cuenta de que debían estar diciendo sus votos matrimoniales en vez de estar discutiendo al respecto de ellos.

—Lo diré yo: eres una mujer increíble y soy feliz de que hayas dicho que sí.

—No dije que sí aún —le recordó.

—No te has puesto el vestido sólo para plantarme.

—No lo sé. Dijiste que tenía tiempo de arrepentirme —rodó los ojos y lo molestó un poco más hasta que lo vio torcer los labios a punto de hacer un puchero y se rio sin contenerse.

Pasado ese momento, carraspeó e intentó continuar con lo que decía antes.

—Shoko —comenzó a hablar Gojo más relajado que antes—. Mi amiga, compañera, amante: eres la luz que elijo seguir. Y voy a esforzarme por ser el perfecto esposo que quieres y necesitas. Tú ya eres todo lo que quiero.

—Sólo debes ser tú mismo, aunque seas un perfecto idiota a veces.

—No dejo de ser perfecto —dijo sonriendo y sacó la alianza que luego colocaría en su dedo anular, para luego, entregarle la cajita que tenía el anillo de él.

Ella, tomó el anillo, se lo colocó en el dedo y luego, lo rodeó por el cuello para besarlo.

—Dijiste que podía besarte y no decir nada —dijo ella tomando al pie de la letra lo que él le había propuesto.

Nanami que estaba detrás del altar, les ofreció una lapicera para que firmaran los papeles y al fin, pudieran ser una pareja casada. Era un tramite sencillo, tanto así como llenar un formulario y Gojo como siempre, lo había hecho escalar a dimensiones que nadie se imaginaría.

Él firmó primero y al entregarle la lapicera a ella, le hizo una pregunta a la cual, no esperaba una respuesta como la que ella le dio.

—¿Conservaras tu apellido?

—Gojo Shoko suena gracioso —le dijo por la rima de ambos nombres. Pensando que no iba a tomarlo, se sorprendió al ver que ella había escrito los kanji de su apellido.

—Oficialmente, son marido y mujer. Felicidades —dijo Nanami guardando todo para presentarlo en la mañana en la oficina civil.

Los demás aplaudieron y agradecieron de que todo saliera bien después de las ocurrencias del hechicero. Ahora, sólo era momento de celebrar.

—Yuuji, ¡los fuegos artificiales! —dijo Gojo volteando hacia donde estaba Itadori. Él había elegido ese lugar por lo bonito del salón y los grandes ventanales que daban lugar a una vista increíble del paisaje. Y ver los fuegos artificiales desde ahí, era una sorpresa que quería darle a Shoko.

Todos voltearon hacia afuera hasta que un sonido desesperado salió de la boca de Itadori y luego, la primera explosión de escuchó… ¡Dentro del salón!

—¿Cómo que no la sacaste, idiota? —gritó Nobara reprendiendo a Itadori. No sólo no imaginó que la máquina controlaba y disparaba los proyectiles, se había alejado sin poder apagarla.

Gojo usó su infinito para cubrirlos y salir del salón que poco a poco era el centro de explosiones, chispas de colores y quien sabe cuántos más desastres.

Así, lo que iba a ser una boda excepcional, terminó con un salón quemado y una escuadrilla de bomberos apagando el incendio. Además de Gojo pagando por todos los daños del lugar.

—¿Vamos a un bar a comer? —propuso Shoko cuando las cosas se calmaron un poco. Ya estaban todos reunidos y no había podido ni beber ni comer a gusto, así que era su única opción.

Aún así, fue una boda memorable.


 

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